Una muerte invisible, cuando muere algo dentro de mi...

Actualizado: ene 25


Desde hace varios años atrás, muchas veces pasó por mi mente concretar el proyecto de una consultora de gestión laboral (hoy en día se transformó en un centro de desarrollo personal y terapeútico), porque claro, tengo el título de magíster en psicología y la mayoría hacemos esto. Recuerdo que comencé con una incipiente motivación y al comienzo reconozco que tuve una baja autoconfianza, también transitaron varios potenciales colaboradores e intentos previos que parecían más una fantasía que una realidad. En el camino me perdí, pasé por diferentes rutas de trabajo, a veces me desorientaba y otras veces tomaba decisiones rápidas y apasionadas sin resultados eficientes. Todo esto hizo que me diera vueltas y vueltas alrededor de un proyecto que yo tenía visualizado como mi fuente laboral, convertirme en la dueña de una empresa, dada su creciente rentabilidad y las ventajas de ser propietaria de un negocio.


Hoy percibo que no me di vueltas ni giré alrededor de nada, sino que viví múltiples experiencias de vida y un proceso que me llevó a transitar por un camino interior de autoconocimiento, sabiduría y fortaleza. Hoy reconozco que sólo así pude construir lo que es hoy uno de mis sueños dorados en esta vida, mi emprendimiento personal, profesional y humanitario denominado Consciencia Vital, un centro de desarrollo humano.


Ni se imaginan cuantas veces pensé que hacía mal las cosas, las muchas veces que sentí miedo,que me sentía incapaz y con envidia de las personas que yo “creía” que tenían buena suerte. Lo pensé tanto que llegué a creerlo, le creí tanto a esas ideas y a esos sentimientos que dejé de confiar en lo más importante, en mí misma, en la integralidad de mí ser, en esa grandiosa emoción que me hace sentir que amo lo que hago, que no quiero dejar de hacerlo ni hacer otra cosa, que no necesito vacaciones ni descanso porque no es una labor ni un esfuerzo.


Entendí que las causas de no conseguir resultados positivos no tiene que ver con el resto, tu familia, amigos y pareja que no te comprenden ni te apoyan, tampoco está relacionado con la maldita suerte que “presientes” que tienes, ni con el mercado económico de tu localidad o la mala política del país, porque ese exterior siempre ha estado allí, por décadas y cientos de años. La misma cantidad de años que nos llevan diciendo que no podemos, haciéndonos creer que no necesitamos tener un proyecto personal ni sentirnos felices por quien anhelamos ser, porque ellos nunca se cansan en hacerte sentir parte de la masa, mediocre e incapaz de tener una vida valiosa… en merecer sueños dorados.


Uno de mis maestros dice “el corazón confía, cree y es optimista, la mente es duda pura”. Yo digo que sí confío en misma, que sí creo en mis sueños y que sí tengo la pasión y la determinación inquebrantable de luchar por ellos.


Para llegar a esta convicción tuve que nacer, morir y renacer miles de veces, pero en ese morir el universo me daba otra oportunidad de volver a intentarlo, de ir más allá, de conocerme un poquito más, de forjar mi carácter y poder personal. En esos intentos sí gasté mucho dinero, tiempo y energía pero nunca ni en miles años se podrá comparar a mi mayor recompensa, la riqueza de reconocer el gran valor que tengo como ser humano, en estar atenta a todos los momentos en que me trato mal a mí misma y consigo perdonarme, por creer y amar mi grandiosidad, por traspasar mis límites mentales y emocionales.


Así es como vivo hoy, agradecida por morir a cada instante, por esa bella oportunidad que me otorga el universo de renacer minuto a minuto, día a día, años tras año, vida tras vida. ¿Te imaginas que no tuviéramos la posibilidad de cambiar ni transformarnos?


Cuando siento pena o preocupación mi padre suele decirme “la vida es muy dinámica hija, tranquila, ya pasará”. Hoy y ahora entiendo ese estado de tranquilidad y lo practico con más fuerza porque tengo la convicción de que todo fluye, que todo se transforma y no me identifico a los pensamientos negativos ni a mis aflicciones.


No tengas miedo de lo que podría ocurrir más rato, el próximo mes o el año siguiente, porque tu vida puede convertirse en una vida valiosa y amada, porque puede que llegue el momento en que confíes tanto, tanto en ti mismo, que te volverás imparable y nada ni nadie te detendrá.


Así que te dejo la invitación abierta a morir, a amar la muerte, a agradecerle, a bendecirla, a confiar con el corazón.

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